Elogio a la violencia

Partiendo de la idea de que un paisaje será siempre una realidad temporal, me interesa acentuar el paso del tiempo como una mudanza de espacio, es decir, que un atardecer no provoca un cambio de hora sino un cambio de paisaje brevemente posibilitado por una sutil violencia, una violencia que solamente puede ser justa para el espacio mismo y que es provocada por un intenso afecto imposible de aprehender.